La ciudad de la lluvia, de Alfonso del Río

Lo de Bilbao como ciudad lluviosa es una imagen típica que puede tener sus días contados gracias al cambio climático. Pero el imaginario ya tiene así catalogada a esta gran urbe, así que la sinécdoque o metáfora de “ciudad de la lluvia” todavía funciona perfectamente.

Pero allá en los 80 era otra cosa y la idea de ciudad de la lluvia se ceñía a una realidad de la capital vizcaína como urbe gris muy reconocible. En esa ciudad asaltada por la lluvia día sí y día también encontramos a Alain Lara, futbolista en ciernes que empieza a despuntar en el Athletic.

Pero no va de fútbol la cosa… Porque la vida de Alain empieza a zozobrar cuando éste descubre una desconocida y enigmática fotografía de su abuelo de los años cuarenta.

Intuir que un familiar no es o no ha sido lo que siempre aparentó ser siempre despierta una curiosidad insoslayable. Si a ello le unimos los indicios de un pasado oculto a toda costa, podemos adivinar que Alain se implicará de lleno en la satisfacción de su curiosidad como sustento y fundamento de lo que él mismo es.

La vida de nuestros antepasados dibuja de alguna forma la línea de nuestros destinos. Y Alain, con su natural ansia humana de conocimiento se lanza al pozo oscuro que se adivina bajo esa fotografía.

Rodrigo, el abuelo, aparece acompañado de un púbere Ignacio Aberasturi, quien a la postre medrara hasta las más altas esferas de la banca. Y sin embargo algo o alguien acabó por borrarlo por completo de la escena social, junto con su abuelo.

Así que esa foto cobra una especial relevancia en cuanto se desvela la coincidencia de los personajes a la postre desaparecidos.

Alain intentará tirar del hilo, recurriendo a la joven María Aberasturi. Entre ambos consiguen trazar una interesante línea de investigación que los conduce hasta la alemania nazi.

Rastreando, no cabe duda de que las vidas de Rodrigo y de Ignacio llegaron hasta Berlín, como un tren del pasado colmado de dudas y oscuros presagios. Aquellos tiempos bélicos que estuvieron a punto de transformar el mundo en un monstruoso planeta parecen aún más lejanos para dos jovenes como Alain y María. Por eso, todo lo que puedan descubrir los sacudirá por dentro, hasta el punto en el que todo secreto se entiende mejor así, esencialmente secreto, imperativamente escondido para todo el mundo, sobre todo para familiares que puedan llegar a conocer la verdadera identidad de su árbol genealógico.

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