El último baile, de Mary Higgins Clark

La escritora estadounidense Mary Higgins Clark tiene la gran virtud no solo de mantener ese gusto por un género policíaco clásico en torno al misterio del crimen, sino que con el paso del tiempo ha trasladado sus argumentos a una actualidad en la que inserta ese punto de clasicismo que parece traernos planteamientos de Agatha Christie o del Poe más policíaco a nuestro mundo actual.

Claro está que para conseguir esa integración entre el ayer y el hoy de un género explotado hacia multitud de nuevas ramificaciones, solo una autora que ha mamado directamente la época del primer esplendor del misterio criminal, pero que se mantiene vigente y actualizada con los nuevos derroteros creativos de este ámbito literario pasados los 90 años…

Así que no es de extrañar que su nueva novela El último baile parta de uno de esos círculos cerrados de personas sospechosas de asesinato trasladado a una fiesta a la americana en la casa de los papás de la joven Kerry Dowling, la misma que pasada la resaca aparece ahogada en su piscina, o por lo menos arrojada a ésta tras su muerte.

La reconstrucción de los hechos se convierten en esa mágica asignación de cartas que la autora ejecuta con su habitual maestría, etiquetando a unos y a otros para que vayamos tratando de componer un puzzle de sospechas, evidencias y otras piezas sueltas…

La investigación en cuanto a las pruebas sobre el cuerpo de la víctima avanzan de manera tediosa y los sondeos de aquellas personas que pudieran tener su particular justificación para dar muerte a Kerry se enfocan en el típico entorno cercano.

Una chica popular como Kerry tenía tantos buenos amigos como otras amistades de postín, algún conocido excéntrico y un novio entre celoso y desconfiado. La policía parece andar un poco perdida, según considera Aline, la hermana de la fallecida. Y la necesidad de resolución y hasta venganza le hace hervir la sangre a esa hermana mayor que siente haber fallado a la niña a quien siempre tuvo en esa improvisada tutela de la primogenitura.

Así que Aline se lanza a componer su propio cuadro de sospechosos y de circunstancias que pudieron derivarse en el fatal hecho. De entrada no le importa el riesgo de acercarse al asesino, la idea de vengar a Kerry la hace sentir que es fuerte, capaz de enfrentarse a cualquiera por descubrir la verdad. Pero quizás no sea tan fuerte y probablemente sus emociones la puedan conducir a peligros dificilmente superables.

 

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