3 mejores libros de Douglas Adams

En la literatura interestelar de las últimas décadas, dos son los autores que mejor compendian ciencia ficción, entretenimiento, aventura y variopintos toques que pueden ir desde el humor hasta la intención trascendental propia de las elucubraciones CiFi.

El primero de los indicados es John Scalzi, pero de justicia es citar a su predecesor, de quien tomó un relevo seguramente involuntario en el género de la literatura hacia las estrellas. Y este referente inicial es el ya desaparecido Douglas Adams que hizo del surrealismo, del humor y la trepidante aventura un crisol perfecto colmado de ciencia ficción sobre lo terrícola y lo extraterrestre.

En lo estrictamente narrativo, Douglas Adams es conocido por su saga “guía del autoestopista galáctico”. Aunque si a algo apuntaba esta obra era precisamente a recuperar ese punto dramatizado por Orson Welles sobre la novela La guerra de los mundos de H.G.Wells.

Al final la obra sobrepasó su idea inicial para radio y la versión en libro con sus cinco réplicas supuso ese gran éxito internacional del autor.

Top 3 libros recomendados de Douglas Adams

  • Guía del autoestopista galáctico: Aunque solo sea por reverenciar una obra que sigue despertando ecos cada 25 de mayo con el día de la toalla, toca poner en lo más alto del podium esta primera trama.

    Nunca está de más saber que puede llegar un mal día en el que nosotros mismos, encarnados en Arthur Dent, tengamos que afrontar la expropiación forzosa de nuestro mundo, empezando por nuestro hogar para dar paso a una autovía interestelar y acabando por todo un planeta que estorba para los objetivos expansionistas de los crueles Vogones. Escribir una historia delirante es bastante fácil.

    Conseguir que todo cobre sentido en el caos, que los personajes esperpénticos de aquí y de allá, de estrellas más o menos lejanas nos resulten entrañables u odiables, ya es más complicado. Y en el fondo la idea del humano Arthur Dent en la búsqueda de lo trascendente, del significado de la vida.

    Porque la Tierra, sinceramente, quedará reducida a cenizas nada más empezar, para que no pensemos de inmediato que la cosa va de héroes empeñados en salvar el planeta azul.

    Y claro, lanzado a la aventura de un autoestopista sin planeta propio, rodeado de extravagantes personajes de todo el cosmos, lo que pase tan solo puede ser una aventura descontrolada para conocer la verdad más allá del trampantojo del Universo.
Guía del autoestopista galáctico
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  • El restaurante del fin del mundo: Considerando que todo lo anterior quedó reducido a cenizas, que nuestro mundo importa un pimiento para un cosmos gigantesto lleno de posibilidades, el orden de lectura de esta saga importa lo mismo.

    La cuestión es conocer a Arthur Dent y su banda, un grupo que va creciendo constantemente empujados por la voluntad mesiánica de aquel humano empeñado en alcanzar sabe Dios qué conocimientos. Movidos por lugares plagados de mágica decadencia sumida en el pausado ritmo de los espacios sin tiempo, no dejamos de sonreir ante las delirantes situaciones a los que se enfrenta la banda para dar sentido a los sinsentidos, para descubrir en los nuevos mundos cada vez menos coherencia.

    Es probable que Dios no exista, ni nada que se le parezca. Y entonces el absurdo del big bang asoma como único hacedor de tantos desatinos.

    En el restaurante del fin del mundo quizás bordeando ese agujero negro donde se vaya consumiendo todo hacia la más lógica naturaleza de la antimateria, nuestros protagonistas disfrutarán de un postrero menú antes de descubrir la patética naturaleza esencial de lo humano.

    Porque las respuestas aparecidas sin preguntas aclaran que más allá de Adan y Eva, pueda ser que la llegada de los humanos a la extinta Tierra fuera algo peor que el extravío de unos amigos en una despedida de solteros.
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  • Informe sobre la Tierra (fundamentalmente inofensiva): Quinta parte de la trilogía, según se indicaba en su promo en su momento. En cierta forma tiene sentido porque la trilogía se apagó antes de una cuarta parte que flojeó algo (aquella “Hasta luego, y gracias por el pescado“) y resucitó con esta obra final que recompuso el volumen con su merecida gloria.

    Porque en la demencial propuesta siempre hubo algo de intención reflexiva (como toda obra CiFi por otro lado). Y en esa mezcla entre la risa y el poso hacia el pensamiento, Douglas Adams supo trazar caminos quizás nunca antes explorados por otros grandes de la Ciencia Ficción. O quizás se trate de que el punto de partido de lo delirante sirva al lector para asomarse a dudas y grandes enigmas desde otro punto cromático del prisma.

    Mucho ha pasado desde que la Tierra fue quitada del medio para la circunvalación estelar de turno. Y el último terrícola que conocemos, Arthur, quizás ya no ande tan convencido por buscar venganza o alcanzar conocimientos. Pero para nosotros lectores nuevas dudas se plantean sobre los grandes personajes del que fue nuestro mundo o sobre el origen de la vida que conocimos antes de que nuestro planeta fuera apisonado para reasfaltar el cosmos…
Informe sobre la Tierra: fundamentalmente inofensiva
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