3 mejores libros de Herman Melville, 2019

1819 – 1891

Con Herman Melville se compone el triunvirato de los grandes escritores de aventuras del siglo XIX. Porque junto a Robert Louis Stevenson y el inagotable Julio Verne, estos tres autores escenifican gran parte del espíritu innovador, viajero, explorador, a medio camino entre el horizonte de la ciencia y la cercana noche de la superstición, las creencias e incluso cualquier forma de fé, ancestral en cualquiera de las manifestaciones de aquellos tiempos.

Claro que, en el caso de Herman Melville lo de escribir nació como una necesidad por testimoniar sus viajes entre mares y océanos. Las inquietudes de un aventurero de aquellos días sumado con la imaginación y creatividad de quien poseía madera de escritor, derivó en multitud de novelas que deambulaban por esa misma dualidad científica y esotérica propia de este siglo.

Criado como el segundo de siete hermanos, indudablemente debió aprender a valerse por si mismo a la vez que ayudaba al susento del resto de la prole, toda vez que a sus doce años se enfrentara a la trágica desaparición de su padre.

Así que no es de extrañar que alcanzados los 20, con una inteligencia y bagaje cultural contrastado en los más variopintos desempeños, decidiera lanzarse a la conquista de lo que todavía quedara por descubrir más allá de cualquier mar.

Poco importaba que sus primeras novelas no consiguieran arrancar el aplauso de crítica y lectores. El empeño por la gloria acabaría llegando, a medio camino entre la literatura y lo más importante para su expíritu viajero: las experiencias.

3 mejores libros de Herman Melville:

  1. Moby Dick: ¿Quién no ha leído este libro o al menos visto alguna versión cinematográfica? A la altura de las mejores novelas de Julio Verne, este libro nos abre a una aventura comparable, en su trasfondo con la odisea de Ulises o con cualquier obra que se abra al viaje como conocimiento y misión fundamental del ser humano. Porque la búsqueda de la ballena por parte del Capitán Ahab da para mucho en lo que a un género de aventuras se refiere estrictamente. Pero es que además una lectura más honda acaba por descifrarnos una segunda intención, la que narra la esencia de todo viaje, de toda vida tras el ideal, la misión, la intención o lo que quiera que sea que nos mueva. Una dicotomía literaria que además queda colmada perfectamente por el mundo del mar, por el exhaustivo conocimiento del autor quien también acaba escribiendo un tratado marino de su tiempo. Una novela redonda que se valora hay en toda su dimensión. Consulta aquí varias ediciones:

    Moby Dick
    Disponible aquí
  2. Benito Cereno: En alguna otra ocasión ya he hablado de lo que supone escribir una maestra en tanto al eclipse que se cierne sobre el resto de la obra de un autor. Nada de lo que escribió antes o después Herman Melville alcanza el brillo de Moby Dick, pero considerados por sí mismos, libros como Benito Cereno merecen el beneficio de la duda al provenir del mismo genio. Nos encontramos en una isla desierta frente a las costas de Chile. Corre el año 1799 y el capitán Delano se encuentra amarrado frente a la isla. La llegada de un nuevo barco lo pone en alerta. Cuando una avanzadilla se acerca al Santo Domingo, que así se llama, lo que encuentran allí despierta su misericordia. Pero en una historia de aventuras no todo es lo que parece ser… El capitán de esa nueva embarcación, un tal Don Benito, acaba siendo un personaje extraño, siniestro, capaz de albergar algún gran secreto…

    Benito Cereno
    Disponible aquí
  3. Bartleby, el escribiente: Pese a su brevedad, esta historia acaba magnetizando en su extrañeza. Podría tildarse de surrealista pese a no conocerse esa corriente en tiempos del autor. La cuestión es que una fuerza centrífuga invita a seguir leyendo una vez comenzado. Todo gira en torno a una frase a la que Bartleby recurre constantemente “preferiría no hacerlo”. Algo extraño ha ocurrido en su cerebro, una especie de cortocircuito que atasca a un personaje que, por lo demás, sigue pulcramente su cometido como escribiente o copista en el despacho del narrador, una reputado abogado de Wall Street. La moraleja de la historia es un asunto que siempre ha corrido de boca en boca sin terminar de perfilarla por completo. Pero como digo, más allá de la voluntad o intencionalidad del autor, lo más fascinante de todo es ese poder hipnotizante de un Bartleby que acaba sus días muerto de hambre en la cárcel… Sobre cómo llega hasta allí, mejor no te lo cuento, “preferiría no hacerlo”.

    Bartleby, el escribiente
    Disponible aquí

 

 

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