3 mejores libros de Elizabeth Strout

El caso de Elizabeth Strout parece acercarse a ese paradigma del oficio descubierto con el devenir vital. Los pequeños relatos con los que tantos nos inciamos, aquellos cuentos ajustados a cada momento de infancia o juventud…

De alguna forma el gusto de escribir de quien alguna vez empieza a escribir, nunca se abandona. Hasta ese día en el que se apodera esa noción vocacional, esa necesaria intención de contar historias para exorcizar o para divagar con mayor dedicación, para manifestar una declaración de intenciones vital o para exponer un ideario conformado con el paso de los años.

Y así es como pasados los cuarenta, la Elizabeth versión escritora pujante acabó por saltar a un nivel preponderante en esa dedicación vital.

Cierto es que todo esto son elucubraciones mías, pero de alguna forma todo escritor que aparece en edades ya maduras apunta a esa evolución propia de la creatividad conducida paralelamente a la experiencia y la intención final de dejar ese testimonio que es siempre contar historias.

Dentro de un estilo realista y sobrío, Elizabeth suele brindera novelas psicológicas, en el sentido en el que nos brinda la oportunidad de abordar ese espacio subjetivo del mundo construído sobre los condicionantes de unos personajes que somos todos, interactuando con nuestra cotidianeidad. Una ardua labor en la que la autora equilibra diálogos y pensamientos en un lenguaje conciso, con la complejidad que requiere crear ese tipo de ambientaciones subjetivas sin caer en la pedantería psicológica, en dogmas o intencionalidades marcadas. Elizabeth nos presenta almas, las almas de los personajes. Y somos nosotros quienes decidimos cuándo nos emocionan, cuando están profundamente equivocados, cuando están dejando escapar una oportunidad, cuando necesitan sacudirse la culpa o cambiar de perspectiva. Aventuras sobre la existencia de un mundo construído desde el prisma de unos personajes absolutamente empáticos.

3 mejores libros de Elizabeth Strout:

  1. Olive Kitteridge: ¿Qué es humanidad? Quizás esta novela responda al interrogante. Porque la literatura y los autores empeñados en narrar lo que somos desde dentro hacia afuera abordan sin artificios el interrogante fundamental, existencial, filosófico, emocional. Un realismo mágico revisitado desde la visión de Olive Kitteridge, una mujer con la suficiente carga vital como para vivir en ese caparazón protector que construye un nuevo mundo de condiciones y prejuicios, de ese egoismo natural hacia la supervivencia. Pero lo mejor de la historia llega desde la deconstrucción que la autora hace de esa propia concepción del entorno de Olive. Porque en no pocas ocasiones debemos recurrir a replantear nuestra existencia y tirar los viejos muros de la conciencia. La rutina es esa extraña bendición protectora, sobre todo conforme pasan los años. El horizonte de la muerte parece que puede alejarse si nosotros, si Olive se queda ahí, quieta, impertérrita al paso del tiempo. La acción es necesaria para volver a conocer con aquellos con los que compartimos las inercias propias de esta forma de vivir en esa suerte de negación. Y el camino hacia la reconstrucción de Olive supone un bendito ejemplo cuando la realidad nos obliga a afrontar miedos para hacernos completamente libres.

    Olive Kitteridge
    Disponible aquí
  2. Me llamo Lucy Barton: Dentro de ese Nueva York extraño, perfilado en tantas ocasiones por autores como Paul Auster, podríamos descubrir a personajes como los que aparecen en esta novela colmada de un intimismo abierto, expuesto a las interpretaciones del buen lector que sabe sacar jugo a las descaradas interpelaciones existenciales que nos abordan.  Dos mujeres habitan una misma habitación de hospital, Lucy y su madre. Pero desde ese lugar en el que conocemos a las dos mujeres durante 5 días, visitamos esos lugare de los recuerdos pasados por el tamiz de las circunstancias actuales de ambas. La dureza de la vida de Lucy nos enfrenta, sin embargo, al amor, a su necesidad, a su búsqueda bajo cada uno de nuestros pasos. Se hace triste pensar que los reencuentros después de años entre personas tan queridas como una madre y una hija tengan que sucederse por las pesarosas circunstancias. Pero la magia de la oportunidad sirve para ese testimonio a dos bandas sobre una vida compartida en sus momentos más duros, antaño y también ahora. La crudeza del momento se aligera con esas idas y venidas a otros momentos, escarvando en busca de esas gotas de felicidad que puedan anunciar un mínimo nivel freático de supervivencia optimisma. La oscuridad del ayer de estas dos mujeres se puede proyectar a esa idea de la vida como un soplo desesperadamente breve, sin posibilidad de redención para lo que no se afrontó bien a la luz de las consecuencias. Lucy está enferma, sí, pero quizás este estadio sea una oportunidad única, si es que todo tiene que cerrarse antes de ese supuesto tiempo que se nos concede.

    Me llamo Lucy Barton
    Disponible aquí
  3. Los hermanos Burgess: Avisados quedamos de que el pasado jamás se puede tapar, ni cubrir, ni por supuesto olvidar… El pasado es un muerto que no se deja enterrar, un viejo fantasma que no se puede incinerar. Si el pasado tuvo esos momentos críticos en los que todo se transformó en lo que no debiera ser; si la infancia quedó rota en mil pedazos por las extrañas sombras de la realidad más cruel; no te preocupes, aquellos recuerdos acabarán por desenterrarse solitos y te tocarán la espalda, sabiendo que te vas a girar, sí o sí.

    Un pequeñito pueblo de Maine… (qué buenos recuerdos me trae Maine, la tierra de los fantasmas de Stephen King), unos niños estampados contra la crudeza de una infancia rota. El paso del tiempo y la huída hacia adelante, como los prófugos de Sodoma, solo que deseando tornarse estatuas de sal antes de tener que recuperar los sabores del pasado.

    Jim y Bob intentan hacer sus vidas, alejados de lo que fueron, confiados en que, si bien no pueden enterrar el pasado, sí que pueden alejarse de él en la distancia física. Nueva York como la ciudad ideal para olvidarse de uno mismo. Pero Jim y Bob tendrán que volver. Son las trampas del pasado, que siempre sabe como recuperarte para su causa…

    Sinopsis: Perseguidos por el extraño accidente en el que falleció su padre, Jim y Bob huyen de su pueblo natal en Maine, dejando allí a su hermana Susan, y se instalan en Nueva York tan pronto como se lo permite la edad. Pero su frágil equilibrio emocional se ve desestabilizado cuando Susan los llama desesperada pidiendo ayuda. Así, los hermanos Burgess vuelven a los escenarios de su infancia, y las tensiones que moldearon y ensombrecieron las relaciones familiares, silenciadas desde hace años, afloran de manera imprevisible y dolorosa.

    Los hermanos burgess
    Disponible aquí

3 mejores libros de Elizabeth Strout
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