3 mejores libros de Bernhard Schlink, 2019

En cualquier otra profesión o dedicación, aquellos que llegan de manera inesperada son etiquetados como advenedizos o acusados de intrusismo. Está comprobado que la literatura siempre recibe con los brazos abiertos a cualquiera que tenga algo interesante que contar cuando lo hace con esa entrega necesaria de todo buen escritor.

Ejemplos prototípicos de esta llegada a las letras desde lugares muy diferentes, que acaban siendo espacios comunes, son por ejemplo los médicos con tipos como Robin Cook, o la abogacía con el inconmensurable John Grisham. En un espacio cercano al de la abogacía encontramos la judicatura. Y entre los jueces, pocos han pasado a la narrativa de ficción con la trascendencia de Bernhard Schlink.

Poco podrían imaginarse los conocedores de este autor, en su ejercicio como jurista, que sería capaz de ofrecer historias con semejante poso humanista, con una sensibilidad arrebatadora y con planteamientos que inquietan por su natural contrapeso entre lo existencial y una acción perfilada con una suerte de eficiencia narrativa. Autos de vidas y sentencias sumarias sobre la naturaleza del alma que, en esencia, tan solo trata de ocupar sus días cabalgando las contradicciones propias. Unas contradicciones que como pruebas periciales o testimonios, pretenden tan solo descubrir esa verdad última que nos mueve.

Schlink perfila siempre unos personajes sumamente detallados en su parte más honda, allí donde residen secretos inconfesables ni tan siquiera bajo juramento. El argumento de cada una de sus novelas pivota siempre en torno a ese brillo de los protagonistas convertidos en fundamento, expuestos frente al jurado de los lectores que escuchan atentos para emitir un veredicto como legos en la materia de la vida que necesitan comprender tantos enigmas atesorados que tan solo en la última página encuentran esa motivación última para entregar toda la vida a su defensa.

3 mejores novelas de Bernhard Schlink:

  1. El lector: Hace ya unos años que la adaptación cinematográfica de esta novela asaltaba las taquillas de los cines de medio mundo gracias a una melancólica Kate Winslet que supo recoger ese peso de un personaje inolvidable. Por lo demás, como casi siempre, me quedo con el libro. Porque entre las páginas de esta historia se disfruta más de una extraña intención de reparación que la protagonista, Hanna, despliega sobre el joven aficionado a la literatura Michael Berg. El chico apenas alcanza los dieciséis y su inesperado encuentro con Hanna como un simple acto de ayuda, acaba desplegándose como ese nuevo universo vital de los accidentes que cambian nuestras vidas. Entre los brazos de aquella mujer madura, Michael funde sus primeros orgasmos con la confusa sensación de que en ello reside el amor. Y de repente, en el regazo de Hanna todo cobra un sentido que aún no le corresponde para su edad. Las tardes pasan entre lecturas de grandes escritores que anteceden al sexo. Michael no entiende ese ritual pero ella lo sigue con una profunda religiosidad, transmitiéndonos la idea de que en la inapropiada relación reside una expiación para un espíritu cargado de rémoras que imposibilitan cualquier atisbo de felicidad en Hanna más allá de los tiempos muertos con Michael. Lo que viene después, ya todo lo recordamos de la película. Ella desaparece, se aleja de ese paréntesis de su vida sumergida en el océano del más profundo secreto. Pasan los años y Michael, ya un reconocido abogado, se enfrenta a un caso muy mediático en el que se juzgan a criminales de guerra nazis, entre los acusados encuentra a Hanna. Podemos imaginar el peso de la contradicción, la relevancia de la contrariedad para un abogado que debe acusar ese remoto amor que cambió su vida. Claro está que él la reconoce de manera inmediata mientras que ella apenas puede asociar la imagen de ese hombre con la del niño al que entregó su alma desde su sexo.

    El lector
    Disponible aquí
  2. Mentiras de verano: El estío, las vacaciones, paréntesis vitales. Un buen título para abordar un volumen de muy interesantes relatos hilvanados y que componen un mosaico sobre las contradicciones, las mentiras, las defensas que cada cual levanta para sostener su mundo y los muros que acaban siendo estas defensas. Excusas hechas fortificaciones internas que nos impiden afrontar cada nueva situación a campo abierto, tal como somos sin los propios impedimentos construídos durante años. Se puede adivinar que tal concepción sobre la personalidad construída ladrillo sobre ladrillo, capaz de tapiar mentiras y miserias, solo puede conducir a relatos en torno a la frustracción, la irrealización, la tristeza. Y en cierta forma se trata de eso, de la melancolía de lo imposible cuando lo imposible es fijado por limitaciones e imposicione autoinflingidas. El asunto cobra dimensiones titánicas cuando estos relatos se introducen en ámbitos muy concretos gobernados por las emociones: relaciones amorosas, familiares, enfermedades inesperadas. En cada relato aparece finalmente una moraleja existencialista que quizás busque un despertar de nuestra conciencia o simplemente una asunción de nuestra derrota.

    Mentiras de verano
    Disponible aquí
  3. La justicia de Selb: Pese a que la llegada del género negro alemán a España parece capitalizado en las últimas fechas por Charlotte Link, hay mucho más donde disfrutar del noir germánico. Y esta novela en la que nació un destacado personaje como es el detective Gerhard Selb, merece y mucho ser disfrutada, así como las otras dos de la serie que poco a poco va llegando a nuestro país. De entrada, el caso que debe afrontar Gerhard se escapa de su desempeño habitual. Rondando los setenta, pese a sentirse en plena forma, investigar sobre un hacker no parece su especialidad. Pero Gerhard no puede rechazar un caso proveniente de un gran cliente farmacéutico. Con un lenguaje muy fluido la acción avanza de manera singular entre el caso asignado y un tiempo remoto vivido por Gerhard, cuando actuó para el régimen nazi en labores de encausador de disidentes. Y precisamente en ese espejo extraño entre algo rabiosamente actual y los fantasmas del viejo investigador va marcándose una transición hacia una intriga en la que intuyes que todo puede acabar enlazándose mágicamente, como así ocurre.

    La justicia de Selb
    Disponible aquí

 

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