3 mejores libros de Samuel Beckett

A Samuel Beckett se le puede tildar de pesimista, de nihilista, de oscuro y simbólico, de cultivador del absurdo. Y, sin embargo nada más vitalista que sobrevivir para contarlo. Nada más humano que intentar calmar los demonios internos y los miedos generales propios de guerras y postguerras. Para espíritus inquietos como el de Beckett una opción era experimentar con la literatura en busca de nuevos horizontes, puntos de fuga con los que salir de una realidad que hacía agua por todos lados, la Europa de mediados del siglo XX.

Escritor promiscuo en g√©neros narrativos cultiv√≥ la poes√≠a, la novela y la dramaturgia. Pero siempre con esa intenci√≥n rupturista. En Beckett se intuye una especie de desencanto con la propia condici√≥n humana capaz de provocar los desastres de las guerras. Los cambios de registro y esa intenci√≥n experimental, que en el caso de Becket acab√≥ derivando en su reconocimiento como genio de las letras, se sustentan en gran manera en el desencanto, la desconfianza, el hartazgo, la b√ļsqueda del cambio, la ridiculizaci√≥n de las formas, la irreverencia y la rebeld√≠a…

Leer a Becket supone participar de ese atroz enfrentamiento del espíritu creador con la crudeza de la destrucción y la consecuente miseria que se apoderaba de lo espiritual, de lo moral y hasta de lo físico.

Sí. El mundo de aquel siglo XX parecía involucionar (no sé si realmente ha evolucionado en muchas ocasiones). La decadencia parecía apoderarse de todo. Pero el arte y en este caso la literatura del siglo XX estaban ahí buscando el botón de reset del mundo.

Top 3 obras recomendadas de Samuel Beckett

Esperando a Godot

Leer una obra de teatro tiene un punto especial. La preponderancia del di√°logo, con las acotaciones propias de la dramatizaci√≥n, te disponen absolutamente desnudo intelectualmente frente a los personajes. No hay narrador omnisciente, ni primera ni tercera persona… todo es t√ļ y unos personajes que hablan frente a t√≠.

Te tienes que encargar de ubicar el decorado, de imaginar los movimientos de cada personaje sobre las tablas. No hay duda de que la cosa tiene su encanto.

En el caso de Esperando a Godot, el poso existencialista de la narraci√≥n te dispone en ese mismo plano de observaci√≥n directa de los vagabundos Vladimir y Estrag√≥n y te hace participar de su espera f√ļtil, absurda, al borde de un camino. Godot no llega nunca y te preguntas si no ser√° cosa de que los vagabundos jam√°s entendieron el mensaje para la cita.

Otros personajes como Pozzo y Lucky aprovechan la in√ļtil espera para anunciar la llegada que jam√°s se producir√°. Y al final puedes entender que todos somos esos vagabundos.

Y que el destino nos mantiene confusos, si es que existe y que realmente, pese a todo, vivir es esperar algo que puede que nunca llegue… Iron√≠a, humor c√°ustico y conversaciones delirantes que, sin embargo todos podemos saborear, con el regusto √°cido de la verdad m√°s cierta.

Esperando a Godot

Molloy

Como inicio de ¬ęLa trilog√≠a¬Ľ, el conjunto de novelas m√°s emblem√°ticas de Beckett, lo cierto es que la novela desconcert√≥ y a√ļn desconcierta.

Su trama experimental se nutre del mon√≥logo, con la normal asociacion que tiene este recurso para la evocaci√≥n, para el pensamiento aleatorio, para el desorden… pero tambi√©n para la s√≠ntesis brillante, para el salto de barreras de las estructuras de pensamiento habituales que nos conducen a la l√≥gica, al etiquetado y a los prejuicios.

Molloy es un vagabundo que nos conduce durante la primera parte de la novela. Jacques Moran es una especie de policia que anda tras la pista de Molloy. Los motivos que lo conducen tras los pasos de Molloy confunden al lector que pueda esperar un hilo claro. La confusión es precisamente el hilo, la trama, la composición que permite la deriva de dificil cronología.

Y lo fundamental es que terminas de leer si llegar a comprender el fundamente de Molloy y de Moran. Quiz√°s la misma persona, quiz√°s v√≠ctima y asesino en una historia contada alrev√©s. Lo importante es el extra√Īo √≠nterin en el que has profundizado en la piel de unos personajes cuyo fin no tienes porqu√© haber entendido.

Molloy

El innombrable

Me salto la segunda parte de la trilogía para rescatar su apoteósico final. Con esta novela Beckett cerró su apuesta experimental más incisiva. El final de una trilogía como esta solo podía rematarse como lo hizo Beckett.

Las frases finales apuntan a un soliloquio m√°s teatral, sobreactuado, el mismo que cada cual se puede plantear en este mundo conforme va bajando el tel√≥n y el ox√≠geno va dejando de llegar a donde tiene que llegar, plante√°ndose as√≠ las dudas m√°s importantes, los interrogantes verdaderos…, la luz.

El resto de la novela retoma el mon√≥logo previo que es el existir subjetivo, bajo el prisma fatalista, crudo y l√ļcido de Beckett. De nuevo obviamos el orden y la trama, adivinamos la cronolog√≠a porque la necesitamos para pensar al leer, todo lo dem√°s forma parte del experimento.

El Innombrable
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