Laberinto griego, de Philip Kerr

Bernie Gunther es un personaje de Philip Kerr imprescindible para adentrarnos en la intrahistoria del siglo XX más convulso.

Más allá de sus primeros papeles literarios allá por los años veinte, y su continuación en pleno apogeo del nazismo, Bernie consigue resurgir de sus cenizas para seguir invitándonos a sus particulares aventuras entre los años 40 y 50, un marco ideal para un tipo como Bernie que se mueve con el magnetismo propio del gran protagonista novelesco que es en una nueva situación histórica que pasó de la  postguerra al asentamiento de una guerra fria cargada de máxima tensión y repleta de escenarios a novelar.

En esta que fue la última novela de Philip Kerr, Bernie se despide de su creador con una sensación de extraña supervivencia, dada la casi coincidente defunción con la pubicación de la obra. Y con ese punto de lectura melancólica para los amantes de la obra de Kerr, nos encontramos con un Berni a caballo entre Munich y Atenas bajo su nuevo rol de investigador para aseguradoras, una función en aparente degradación para un tipo como él . Pero, claro está que en esta adaptación a las circunstancias, Kerr nos cuela una nueva trama muy interesante que enlaza nazismo con la Grecia de los años 50.

La Grecia invadida por los nazis del 41 al 44, con ayuda de italianos y búlgaros también se sometió al cruento expolio y a esa negra solución final con la que muchos griegos fueron deportados a campos de exterminio.

Desde aquella Grecia hundida hasta un país que en 1957 empieza a renacer, sobre todo para sus clases pudientes, capaces de medrar y mejorar su status incluso en las peores situaciones… Cuando Bernie Gunther viaja a Atenas para investigar un caso de un siniestro para la asegurada con la que colabora, jamás puede imaginar que el asunto se enlace con aquellos días negros. Un accidente marítimo, un barco naufragado y la muerte del dueño del barco, un judío con demasiados enemigos y un pasado muy próximo a los días del genocidio. Las casualidades dificilmente se acumulan, esa una máxima de las aseguradoras y de los investigadores con instinto…

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