Las 3 mejores películas de Robert Downey Jr

A medio camino entre Edward Norton y Sean Penn (incluso generacionalmente) encontramos a un Robert Downey Junior que compendia la versatilidad del primero con el carisma del segundo. Y ya se sabe que a mayor variedad de recursos magnéticos para los espectadores, mayor caché puede uno fijar para su contratación.

Porque si no me equivoco, el bueno de Robert es uno de los mejores pagados gracias a su vinculaci√≥n contractual con todo lo que suene a Marvel (Como para no defender las pelis de Marvel frente las cr√≠ticas de Tarantino). Pero m√°s all√° de este tipo de pel√≠culas que, si bien ganan gracias a los gui√Īos y fotogenia de Robert, no es que me fascinen por su gran punto de previsibilidad, podemos disfrutar de muchas otras cintas donde Downey Junior se luce desde muchos otros aspectos.

Ciertas dosis de descaro y presuntuosidad, que suele encajar bien en todo héroe que se precie, mezclado con sensaciones contradictorias para no terminar nunca de acertar por donde van sus interpretaciones en beneficio del suspense de turno. La capacidad de Robert para jugar a las apariencias y el desconcierto lo ubican en ese espectro de actores perfectos para acciones, suspenses o hasta dramas de extremos inprevisibles…

Top 3 películas recomendadas de Robert Downey Junior

El juez

Una de esas pel√≠culas sobre paternidades complicadas, al estilo de Big Fish si la despoj√°ramos de toda su vertiente fant√°stica que le confiere esa noci√≥n m√°gica. La cuesti√≥n es que el juez tiene en su hijo Hank Palmer (Robert) a su v√°stago protegido que pudo medrar en el mundo de la abogac√≠a con buenas o malas artes, seg√ļn tocara.

Pero el destino plantea para ambos un reencuentro muy especial en el que el hijo tendrá que ser capaz de liberar a su padre de todos los juicios posibles, sociales, intrafamiliares y legales. Porque todo apunta a que su padre mató a su madre. El dilema está servido y el encontronazo de Robert con la realidad más amarga que le toca enfrentar, apuntará a momentos casi emblemáticos del cine moderno entre salas de vistas y de puertas hacia adentro de un hogar destrozado.

El final se ve venir después de la tormenta, con esa ligereza de la calma después de la batalla. Solo que en este caso el combate se ha librado entre viejos fantasmas familiares, invencibles miedos, sensaciones contradictorias, deudas emocionales pendientes y una especie de veredicto final que apunta más a un juicio general de lo humano entre la vida, la muerte y el recuerdo que pueden dejarnos los padres.

Chaplin

Las películas biográficas no me suelen convencer salvo excepciones como Una mente maravillosa con Russell Crowe o como la de la reciente Blonde de Ana de Armas (claro está que en este caso hay un reconocimiento explícito de que la cosa va más hacia la interpretación que hacia el testimonio). Pero lo cierto es que en este caso, comulgando con la parte mitificadora del asunto, lo de Robert fue un acierto completo.

Porque en el desarrollo de la historia este actor tiró de su capacidad para un histrionismo que frisaba lo de Jim Carrey y que resultaba de lo más idóneo para avanzar entre la ficción exagerada de Chaplin y su realismo más crudo. Porque al final lo de sobreactuar forma parte de la existencia de este tipo de personalidades sobrepasadas por la dimensión de su figura.

La vida de Chaplin puede ser más o menos conocida. Las interioridades empastan desde esta película biográfica como explicación a muchos otros aspectos sobre los motivos para hacer lo que se hace, para entregarse con vehemencia a una misión en la vida. Además de aportar información a los admiradores de uno de los más grandes actores y cómicos, con sus aspectos más o menos maquillados, la cinta consigue inmortalizar más si cabe su figura desde una interpretación de Robert fabulosa.

Sherlock Holmes

Sin ser para nada fiel al mítico personaje de Conan Doyle, la perfecta ambientación y la representación de Sherlock como un genio que se mueve entre lo excéntrico y lo demente me ganó para la causa. He de reconocer, no obstante, que me faltan de ver las siguientes entregas. Pero la pereza me gana a la hora de participar en la sobreexplotación de una idea brillante como fue esta.

De momento me vale con esta avanzadilla decimonónica del CSI actual. Donde Robert es capaz de hacernos participar de sus dones prodigiosos, capaces de lo científico hacia la investigación criminalística. La fascinación de la gente que trabaja con él, como Jude Law encarnando a un desdibujado Watson que parece más un Sancho en su caso, se transmite al espectador hasta elevar la consideración del genial Sherlock literaria hacia la posibilidad de un ser sobredotado a todos los niveles por obra y gracia de la fantasía más sugerente.

Sherlock Holmes y su inseparable socio de investigación el Dr John Watson consiguen evitar a tiempo el ritual de sangre de una joven a manos de Lord Henry Blackwood. Tras arrestar a Blackwood, este recibe la más alta condena que se le puede asignar a un preso: el paso por la horca. Antes de que dé comienzo el juicio, Blackwood pide que Sherlock se pase por su celda para advertirle que su muerte solo será el principio de una nueva era, donde la muerte de tres personas más hará que Londres cambie completamente.

Pronto, Blackwood muere ante los ojos de todos los Lores y su fallecimiento es certificado por el doctor Watson. Sin embargo, la noticia de que Blackwood ha resucitado se hace eco en la sociedad tras encontrar la tumba en la que se hallaba destruida desde dentro, y al sepulturero en estado de shock tras haber visto al asesino caminando entre las tumbas. Sin duda, los acontecimientos que vendrán a continuación escapan a toda lógica posible, creando conmoción en la población. Solo Sherlock Holmes puede desenmascarar la verdad del caso y demostrar que todas las acciones aparentemente sobrenaturales tienen una explicación científica.

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