3 mejores libros de Thomas Bernhard

Aprovechando la reciente concesión del premio nobel de literatura 2019 a Peter Handke, traigo hoy a colación a otro gran autor austríaco ya desaparecido, Thomas Bernhard. Un escritor que destaca en la novela (amén de muchas otras vertientes creativas) por la combinación de lo ficcionado con ese realismo siempre subjetivo (en ocasiones idealizador y en otras denostador) de lo autobiográfico.

Novelas con apuntes de crónica histórica, tramas cargadas de revisión satírica, novelar siempre como crítica enfocada hacia el éxito de lo vulgar o lo mezquino (algo recurrente en muchos autores pero que conforma en el imaginario de Bernhard ese constructo pesimista también heredado de una infancia digamos que atípica)

Más allá de su obras de teatro (desconozco si han vuelto a ser interpretadas en cualquier escenario público, toda vez que el propio Thomas Bernhard prohibió su representación como enconada herencia legada a la humanidad), algunas de sus novelas más aclamadas son aquellas que comparten una introspección en paralelo entre el transitar vital de Bernhard y el devenir del mundo, una riquísima composición merecedora del reconocimiento de gran obra literaria del siglo XX.

Top novelas recomendadas de Thomas Bernhard

  • El malogrado: Si hay un instrumento musical complejo, riquísimo en matices, emblemático y rodeado de su especial parafernalia, ese es el piano.

    Sobre las teclas de un piano se pueden hilar notas para todas las emociones, desde los más oscuros acordes suspendidos hacia la dramatización hasta las más vivas secuencias que evocan alegría.

    Ese todo como una posible herramienta para el buen pianista es esta novela en torno a dos músicos unidos y separados por la misma música aún después de que uno de ellos se suicide.

    El regreso del amigo sobreviviente a la Austria compartida antaño lo llena de vacíos, culpas, nostalgias y frustración. Porque en realidad eran tres, un triángulo entre el virtuosismo del gran pianista Glenn Gould, la voluntad cegadora del finado, Wertheimer y la asunción de la derrota del narrador.

    La nada se asomó a las vidas de Wertheimer y del narrador conforme Glenn Gould crecía como fenómeno frente al piano. Y los vacuos intentos de superación de ese vacío, del imposible del genio que no se dispone, sintoniza con una frustración quizás más interiorizada por el autor, la de la lucidez frente al desencanto, en esa lucha descarnada que casi nunca acaba bien.
El malogrado, de Thomas Bernhard
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  • Extinción: Siempre es de agradecer que surgan nuevas ediciones de obras de grandes autores. En este caso Alfaguara repesca la última novela de Bernhard, una historia con la que el genio austríaco se despidió a lo grande de su particular escenario.

    Una novela que focaliza el universo en el pequeño pueblo austríaco de Wolfsegg. Porque de ahí era el protagonista de la historia. Un tipo llamado Franz- Josef Murau que quisiera no tener que volver a pisar aquel espacio que convertía el recuerdo de su infancia en un reducto sin oxígeno, en una evocación asfixiante de esa infancia insuperable en la que ensombrecería cualquier niñez vivida en el lugar.

    El odio enfermizo del protagonista por ese lugar debe ser soslayado para afrontar la despedida de toda su familia. El desenlace fatal de un accidente de tráfico ensombrece aún más los recuerdos.

    Y sin embargo en la fatalidad puede haber reconciliación. Pero solo alguien como Bernhard puede llegar a enseñárnosla, no sin antes atravesar todos los infiernos a los que conducen los miedos. A la postre, se descubre esa intuición de las pocas horas que quedan a alguien para escribir más historias.

    Y como colofón, el autor parece querer sacarnos una sonrisa cuando vamos a buscar en su obra en todo caso ácido sarcasmo. La narración va cobrando unos tintes muy especiales entre lo metalingüistico y lo metafísico, alcanzando en su final una brillante extinción como de chiste macabro.
Extinción, de Thomas Bernhard
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  • Hormigón: Otra de las obras recuperadas por Alfaguara. Una de las más breves composiciones del autor. Una vez más nos adentramos en los laberintos de las obsesiones, de esas pulsiones que empujan reiterativamente el espíritu humano.

    Y nada mejor para escenificar esas tendencias de la razón que la caracterización de un erudito estudioso de la música con su particular fijación por el compositor alemán Mendelssohn.

    Nada lo aleja de su intención por ocupar el alma del músico, asaltándola desde sus notas, llegando hasta algún espacio compartido en el que poder dialogar con él a traves del legado de su obra. Con ese sutil toque de humor corrosivo, acompañamos a un Rudolf que vive entre los desaires de su hermana por su incomprensión y una encomiendo intelectual sobre Mendelssohn ni tan siquiera iniciada.

    Bajo una nueva luz de Mallorca, en la que Rudolf ansía dar cauce a su propia luz interior. Hasta que algo nuevo se cruza en su camino, una nueva fijación en torno a una mujer cuyo extraño recuerdo lo acaba conduciendo a un cementerio donde ahora reside.

    La metáfora del hormigón como título se cierra en el fin de la breve pero intensa historia, entre soliloquios en los que Rudolf repasa con frución su visión tan mesiánica como absurda del mundo. Y ahí, frente al hormigón con el que se levantan los mausoleos, se cierra un el círculo de una alegoría sinestra sobre la voluntad y la nada.
Hormigón, de Thomas Bernhard
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